Geometrí’a de la arquitectura

Geometr’a de la arquitectura
La geometr’a utilizada por los arquitectos a lo
largo de los tiempos se ha basado exclusivamente
en la utilizaci—n de dos instrumentos b‡sicos,
a saber: la escuadra y el comp‡s.
Cualquier otro instrumento o herramienta
utilizados por los arquitectos para dibujar sus
proyectos o por los constructores para replantear
sus edificios han sido siempre combinaciones de
estos dos.
El comp‡s permite tomar y trasladar medidas
a la vez que trazar circunferencias, y con la
escuadra se dibujan rectas y sus perpendiculares,
apareciendo as’ las verticales y las horizontales.
Estas sencillas operaciones han engendrado
la mayor’a de las edificaciones pasadas y siguen
haciŽndolo con las actuales; por eso, la geometr’a
utilizada por los arquitectos se ha desarrollado
siempre mediante la utilizaci—n de formas muy
simples, extra’das de la abstracci—n te—rica, que
tienen su origen en la geometr’a eucl’dea, que es
la geometr’a de formas regulares y la cual fue formulada,
como recordaremos, en el siglo III a. C.
Las formas propias de esta geometr’a eucl’-
dea, que lo son tambiŽn de todos los estilos hist
—ricos en arquitectura, son los tri‡ngulos, cuadrados,
c’rculos, etc., y en el espacio, prismas,
cubos, pir‡mides, cilindros o esferas, entre otros.
Las formas naturales tan s—lo han aparecido
dentro la arquitectura en la ornamentaci—n, es
decir, desprovistas de todo car‡cter funcional,
cosa que no ocurre en la naturaleza; nunca han
formado parte de la composici—n y estructura
fundamental de sus obras.
No obstante, hay que apreciar algunas
manifestaciones arquitect—nicas que, sin estar
influidas por esta carga te—rica y habiŽndose
desarrollado en contacto directo con la pr‡ctica
constructiva y los condicionantes que la rodean
(clima, materiales, etc.), s’ han elegido formas
mucho m‡s cercanas a las naturales.
Tal es el caso de la arquitectura popular,
arquitectura sin arquitectos, que nos ofrece infinidad
de ejemplos, como la palloza gallega o la
barraca de vi–a catalana, dos de las m‡s conocidas
entre nosotros, donde las soluciones adoptadas
son formalmente mucho m‡s cercanas al
entorno natural en el que se ubican.
Otros intentos de seguir caminos compositivos
de esta ’ndole han fracasado por la ausencia
de contacto con la pr‡ctica, y han quedado
reducidos exclusivamente a una declaraci—n de
intenciones. ƒste es el ejemplo del expresionismo
que qued— para la historia, salvo alguna
excepci—n, en dibujos, modelos y manifiestos
ut—picos.
La arquitectura de Gaud’ encontr— el equilibrio
perfecto en estos tŽrminos, a la vez que
recog’a las inquietudes derivadas de esta nueva
geometr’a natural y las integraba con la rica tradici
—n constructiva de su tierra, de la que fue un
perfecto conocedor.
En la actualidad, los arquitectos siguen
dibujando y construyendo sus edificios con planos,
prismas o cilindros, tal y como lo vienen
haciendo desde antiguo.
Ante esta —ptica de las cosas, Gaud’ impuso
la bœsqueda de nuevas formas geomŽtricas para
ser utilizadas en la construcci—n de edificios.
Formas extra’das del amplio muestrario que la
naturaleza le ofrec’a desinteresadamente y de las
que se sirvi— para ir adaptando y mejorando las
soluciones cotidianas a las necesidades que
encontraba en la pr‡ctica de la arquitectura. Y esta
propuesta la llev— a cabo con la ingenuidad natural
de quien no ten’a una formaci—n acadŽmica, lo
que le permiti— estar abierto a soluciones que, ya
existiendo en los modelos naturales, exigen un
esfuerzo para ser comprendidas en su totalidad.






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